Astérix y Obélix: ¿En quién se basaron los autores?

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Vercingétorix, el galo que desafió a Roma

      Vercingétorix fue el primer caudillo galo que consiguió aunar a varias tribus para enfrentarse a nada menos que Julio César. Tal es la resonancia de su recuerdo en la cultura francesa que hasta 1.950 se le estudiaba en las escuelas como el primer gran líder francés. Este guerrero desplegó una útil estrategia que consistía en intentar evitar la confrontación directa con el macizo de las huestes de César, hostigando a las legiones desperdigadas por el terreno y sobre todo entorpeciendo el abastecimiento de suministros de los soldados romanos. Todo esto acarreó múltiples quebraderos de cabeza a un Imperio Romano que no imaginaba que fuera a costarle tanto la campaña de las Galias. Así pues este es el personaje histórico en que los fantásticos dibujantes y guionistas se basaron para crear a sus irreductibles galos.

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El sitio de Alesia

      Como todos hemos podido disfrutar en los cómics, la aldea de Astérix y Obélix sufre un continuo asedio por parte de los romanos que no consiguen derrotarlos ni que se rindan de ninguna manera. Esta situación fue tomada de la famosa batalla o sitio de Alesia que enfrentara a las legiones romanas con la tribu de los arvernos liderada por nuestro ya conocido Vercingétorix. Esta batalla es considerada el hecho clave que diera el éxito aplastante a Roma sobre las hordas galas. En el verano del año 52 a.c. Julio César había hostigado al ejército galo poco a poco hasta conseguir que se reagruparan en la fortaleza de Alesia. Vercingétorix había ordenado a su ejército recluirse allí ya que no veía con buenos ojos un enfrentamiento directo con los romanos pero César por el contrario vio en esa situación una oportunidad para acabar con la guerra de una vez por todas. Ya que un ataque a la fortaleza sería un acto suicida, el estratega romano decidió iniciar el sitio a la fortaleza. Ordenó construir un perímetro perfecto alrededor de toda la estructura gala en lo que sería una obra de ingeniería militar que pasó a la historia como el primer asedio perfecto que se conoce. Los 90.000 galos que allí se recluían no tenían manera de salir de ese espacio debido a las zanjas, trampas, muros y torres de vigilancia que se desplegaban allí donde dirigían la vista. Tras un tiempo de escaramuzas y fallidos intentos de quebrar el perímetro romano, el hambre y la fatiga empezaron a hacer mella en los guerreros galos. Al final, Vercingétorix tomó la decisión de rendirse ante Julio César ofreciendo su vida a cambio de perdonar la de toda su tribu.

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El escudo de Vercingétorix

      Cuentan que cuando Vercingétorix se rindió depositó su escudo a los pies de Julio César. Dicho escudo es  el que Abraracurcix, jefe de la aldea de nuestros queridos cómics, utiliza para ser trasladado de un lugar a otro colocándose encima de él y haciendo que dos sirvientes lo eleven y desplacen. Un guiño más a la historia que podemos disfrutar entre las páginas de esta inmortal obra.

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La tortuga romana

      En la Antigua Roma, la formación en testudo o tortuga era un orden de batalla utilizado comúnmente por las legiones romanas durante el combate y muy particularmente en los asedios.

      En la testudo, los infantes se cubrían con sus escudo solapados a modo de caparazón, mientras que la primera fila de hombres protegía el frente de la formación con los suyos levantándolos hasta el centro de su cara. En caso de necesidad, los soldados de los flancos y los de la última fila podían también cubrir los lados y la parte posterior de la formación, aunque entonces la protección de la capa de escudos que cubría el cuadro era inconclusa al reducirse su número.

      Si esta táctica era utilizada correctamente -hay que tener en cuenta que requería un gran entrenamiento para que fuese efectiva- la testudo protegía a los legionarios de forma excelente frente a los proyectiles de los enemigos, permitiéndoles desplazarse sin miedo a ser alcanzados.

      En casi todos los cómics vemos alguna escena en la que los romanos eligen esta disposición para defenderse de los galos y éstos, ayudados de unas gotas de la poción mágica, la deshacen a golpe de mamporro limpio.

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      Y hasta aquí unos pequeños destellos de los acontecimientos y personajes que sirvieron de musas para crear a los galos más famosos del mundo de los cómics. No dudéis en adquirir estos ejemplares si no lo habéis hecho ya. Tanto si os recuerdan a vuestra infancia como si sois más jóvenes los cómics de Astérix y Obélix son unas joyas imprescindibles en las estanterías de cualquier lector que se precie. Quién sabe, tal vez cada vez que los leamos Vercingétorix nos sonría desde algún verde jardín donde van a parar los valientes guerreros que un día soñaron con derrotar a todo un imperio.

Fuente: Las cosaS Que nos hacen feliceS


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