¿Es un ‘cuento’ la teoría de la evolución?

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      “La teoría de la evolución es un cuento“. Así se titulaba la entrevista que concedió ayer Tom Wolfe en El Mundo para promocionar su último libro.Un cuento o “un mito como el de Thor y Wotan”, dice un poco más tarde. “Creo que si la gente dejara de estudiar la teoría de la evolución no cambiaría nada en la ciencia”.

      Y se quedó tan ancho. Pese a la polémica, Wolfe y su libro no son sino el último caso de una guerra entre evolucionistas y fijistas que lleva librándose muchos años. Aunque, pese a la rotundidad de sus declaraciones, sus argumentos no son muy sólidos. ¿Qué dice y qué no dice la teoría de la evolución?

El reino del habla

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      Porque, en realidad, Wolfe cuenta su visión de la evolución y el lenguaje contraponiendo la figura de cuatro científicos: Darwin vs Wallace y Chomsky vs Everett. El recurso es bueno porque da un hilo narrativo al libro a la vez que traza un marco moral muy claro: los primeros (Darwin y Chomsky) son malos, “niños-de-papa” y poco carismáticos; los segundos (Wallace y Everett) son los héroes no reconocidos de la historia de la ciencia.

      Es una historia buenísima, pero no voy a descubrir yo a Wolfe. La única pega es que, bueno, es mentira. O, si queréis que sea más preciso: se trata de una visión de parte, sesgada, inexacta y deliberadamente imprecisa. Casi un cliché autojustificativo de la visión naíf que tienen algunos viejos humanistas sobre la evolución. En otras palabras, este post se podría haber llamado “hemos puesto a un conocido intelectual clásico a hablar de la evolución y el resultado no te sorprenderá” sin ningún problema.

Darwin, Wallace y la teoría de la evolución

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      Darwin era una persona tranquila y poco dada a llamar la atención. Tanto es así que desarrolló su teoría de la evolución durante más de 20 años. En cierta forma, él estaba convencido de que una vez que publicara su libro ya no había marcha atrás y la polémica iba a ser muy importante.

      De hecho, no se atrevió a publicar el trabajo de toda su vida hasta que Alfred Russel Wallace le envió una carta con una teoría muy similar a la suya. Wallace pudo cabrearse, pero con solo hojear “El Origen de las Especies” queda claro que no es un trabajo que se pueda hacer en un par de meses.

      Por eso extraña tanto, algo que repite Wolfe en varias ocasiones: la supuesta falta de pruebas de Darwin a la hora de proponer su teoría. Pero en realidad no es así. Darwin presentó una gran cantidad de pruebas que iban desde la distribución geográfica de las especies a la cría artificial, la embriología, la anatomía comparada o la paleontología.

      En cambio, Wolfe insiste en que “no se han abierto nuevas investigaciones y no es una teoría comprobable” y que “la teoría de la evolución no cumple con ninguno de los estándares para las nuevas teorías porque, para empezar, no es comprobable”. Lo cierto es que hoy por hoy se puede ver cómo funciona la evolución en los laboratorios. Desde hace décadas, los centros de investigación tienen colonias de bacterias monitorizadas en las que podemos ver cómo actúa la evolución en tiempo real.

      En realidad, Wolfe escoge esta pareja porque Wallace, al final de su vida, defendió que el lenguaje no podía explicarse gracias a la evolución y “debía de ser un regalo divino” porque era algo que sólo teníamos nosotros. Es una buena manera de armar un argumento ad hominem contra Darwin.

Chomsky, Everett y los pirahãs

      La cuestión de Chomsky contra Everett es mucho más reciente. La teoría de Chomsky, famosa por el papel que tuvo en el desarrollo de la lingüística moderna, establecía que la ‘recursividad’ era un elemento innato del lenguaje del que disponíamos todos los seres humanos. Hay otros especialistas que coinciden en ideas similares desde aproximaciones distintas a las que originalmente propuso Chomsky (como las de Steven Pinker).

      Hasta que hace unos años el profesor Daniel Everett se encontró con los pirahãs, una tribu de unas 400 personas que habita junto a un afluente del Amazonas. El lenguaje de los pirahãs es muy simple. Casi demasiado simple.

      Tanto que “viola” las ideas de Chomsky sobre las capacidades innatas del lenguaje. O eso sostienen Everett y Wolfe. De hecho, según el relato de Wolfe, Everett encontró pruebas indudables de que Chomsky se equivocaba. La realidad es que la polémica no está cerrada y, en verdad, es el escenario de un debate científico que va más allá de las cuatro o cinco aldeas pirahãs que existen en la actualidad.

      Esta polémica es muy reciente y hay larguísimas discusiones sobre qué conlleva el hallazgo amazónico. De hecho, muchos expertos sugieren que el hecho de que los pirahãs sean capaces de aprender a hablar portugués, deja claro que esas capacidades las tienen (aunque no las utilicen).

¿Qué dice y qué no dice la teoría de la evolución?

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      La evolución es una de las ideas científicas que más pruebas acumulan. Si somos precisos, cuando hablamos de “teoría de la Evolución” estamos hablando de un conjunto de conocimientos y pruebas científicas que explican el fenómeno de la evolución biológica. Es decir, explican que los seres vivos no han estado siempre ahí, sino que han ido cambiando poco a poco.

      En realidad, la teoría de la evolución no tiene nada de mágico. Es un intento de explicar la diversidad biológica del mundo en que vivimos gracias a las herramientas de la ciencia: una forma de dar sentido a las cosas que vemos sin recurrir a cosas que no podemos ver. Y, por supuesto, la ‘teoría de la evolución’ no es algo monolítico.

      Al contrario, es un campo de investigación donde hay numerosas teorías y modelos para explicar qué somos, por qué lo somos y cómo hemos llegado a serlo. No es un mantra, ni una doctrina. Y, si buceamos un poco en la historia de la biología del siglo XX, podemos ver debates muy duros entre distintas teorías de la evolución.

Una finísima ironía

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      La verdad es que el trabajo de Tom Wolfe es de una finísima ironía. Su tesis central es que el prestigio social, más que los argumentos científicos, explica la persistencia de ideas fracasadas. Justo lo que hace el libro, usar el prestigio de un viejo periodista para dar cierto brillo a ideas propias de una película de serie B.

      Ideas que se resumen a la perfección en la penúltima línea del libro: “Decir que los animales evolucionaron hasta convertirse en hombres es como decir que el mármol de Carrara evolucionó hasta convertirse en el David de Miguel Ángel”. Es decir, creacionismo basado en la supuesta falta de pruebas y en la supuesta incapacidad para explicar la complejidad de los seres humanos. Nada nuevo bajo el sol: a los defensores de que la evolución es un cuento no les salen las cuentas.

Fuente: Xataka

 


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