La mujer a la que golpeó un rayo que puede ayudarnos a entender uno de los grandes misterios de la neurociencia actual

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      Ver los sonidos o saborear los colores. Este tipo de cosas son las que permite la sinestesia, una rara facultad que permite experimentar sensaciones de una modalidad (por ej. la visual) con estímulos de otra (por ej. la música).

      Aún no sabemos muy bien qué está detrás de la sinestesia, ni cual es el mecanismo que la causa, la historia AB, una mujer que perdió “sus facultades” tras ser alcanzada por un rayo, puede darnos claves importantísimas sobre la naturaleza de la sinestesia.

Ese misterio llamado sinestesia

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      AB ve colores cuando escucha música. La primera vez que oímos hablar de la sinestesia, puede parecer raro que alguien al escuchar una canción la experimente visualmente en forma de colores, pero así es. De hecho, se cree que muchos artistas y compositores tenían algún tipo de sinestesia.

      En concreto, en el caso de AB esos colores están relacionados con el instrumento, con el volumen e, incuso, con el tono. Por ejemplo, las notas bajas las experimenta como colores fríos, mientras que las altas tienen colores cálidos o tonos pastel.

      Además, también experimenta colores cuando ve o se relaciona con distintas personas. En este caso, la experiencia del color está asociada a la personalidad. De esta forma, experimenta el azul cuando está con personas emocionales o el verde cuando habla con gente leal.

      Aunque la sinestesia no es común, el caso de AB no es raro. O si lo es, se debe a lo accidentado de su vida. A lo largo de ella ha tenido varias contusiones, han tomado diversos medicamentos, ha contraído meningitis vírica y, bueno, le cayó un rayo encima. Pero lo más interesante, sin lugar a dudas, es que cada cosa que le ha pasado ha cambiado (temporalmente) su experiencia.

Y todo cambió para volver a ser lo mismo

rayo

      La meningitis vírica provocó que, durante un mes, hubiera cambios en los colores que AB asociaba a las notas musicales. Algo que, según contaba, le resultó terriblemente confuso, casi más que la enfermedad en sí.

      Pero no sólo fue la meningitis. Una de las contusiones, por ejemplo, hizo que el lugar donde solía experimentar los colores cambiara. Durante toda su vida, AB había sentido la experiencia del color en el centro del campo visual, pero tras el golpe éstas pasaron a la periferia.

      Por otro lado, la medicación para la migraña (y el rayo) hicieron desaparecer cualquier rastro de experiencia sinestésica. No obstante, la sinestesia siempre volvía. Es más, a medio plazo los cambios desaparecían y todo volvía a la normalidad.

      Si comparamos las distintas pruebas que se le han ido haciendo a lo largo de los años, se puede ver que la experiencia acaba siendo exactamente igual. Esto hace pensar a los investigadores que hay un sustrato neurológico que hace que la sinestesia sea estable a lo largo del tiempo.

Los misterios de la sinestesia

      Era algo que ya se intuía, claro. Pero tampoco hay muchas cosas que sepamos seguro sobre la sinestesia. De hecho, la sinestesia es uno de los asuntos más misteriosos y desconocidos de la neurociencia. Parece claro que tiene componentes genéticos y hay teorías muy interesantes sobre por qué ocurre todo esto. Pero son eso, teorías.

      Por eso, la historia de AB (y de otros pacientes) están ayudando a Kevin Mitchell y a su equipo de investigadores del Trinity College de Dublín a entender mejor los mecanismos de la sinestesia.

      Por ejemplo, tradicionalmente los científicos sostienen que la serotonina tiene mucho que ver. Fundamentalmente porque las drogas que alteran la serotonina pueden producir efectos parecidos. Pero al cruzar historias clínicas han llegado a la conclusión de que o existen varios tipos de sinestesias o los datos sugieren que la serotonina sea la única implicada. Aún queda mucho por hacer, pero estamos en el camino.

      Imágenes: Woodlouse Malagasy numbers

Fuente: Xataka


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